Tres ediciones, miles de pasaportes y una iniciativa que busca acercar el café de especialidad a más personas.
Por Javier Calderón – Brew Haus
Un pasaporte que no necesita fronteras
Imagine que es sábado por la mañana.
Tiene ganas de salir, conocer algún lugar diferente y disfrutar de una buena taza de café. Quizá busca una cafetería que nunca ha visitado, una preparación distinta o simplemente una excusa para cambiar de rutina.
Elige un destino, emprende el recorrido y, al llegar, descubre algo más que una barra de café.
Detrás de esa taza hay personas, historias, productores, baristas y proyectos que forman parte de una cultura que continúa creciendo en Costa Rica.
Pide su bebida, disfruta la experiencia y, antes de marcharse, recibe un sello en su pasaporte.
No ha cruzado ninguna frontera. Sin embargo, acaba de sumar una nueva experiencia a su recorrido por el café costarricense.
Esa es la propuesta del Pasaporte de Café Costa Rica, una iniciativa desarrollada por Gente de Café que invita a descubrir cafeterías de especialidad, explorar nuevos destinos y acercarse a quienes trabajan alrededor de una de las actividades más representativas del país.
Lo que comenzó como una idea para promover el consumo de café de especialidad ha evolucionado durante tres ediciones, reuniendo a cafeterías, productores, marcas, baristas y consumidores.
Pero detrás de los miles de pasaportes distribuidos existe una historia de emprendimiento, desafíos, aprendizajes y personas que encontraron en el café una manera de conectar con otras.
Para conocerla, desde Brew Haus conversamos con quienes están detrás de Gente de Café, explorando sus orígenes, resultados y proyectos futuros.
Una idea que encontró su camino
Detrás de Gente de Café están Vale y José, dos apasionados por el mercadeo, los productos representativos de Costa Rica y la creación de nuevas propuestas dentro de un sector profundamente vinculado con la tradición.
Vale dirige el mercadeo, las relaciones públicas y las redes sociales, mientras José se encarga de la logística, las finanzas y las ventas.
Desde sus inicios buscaron crear un punto de encuentro para dar visibilidad a productores, marcas, actividades y proyectos relacionados con el café de especialidad.
El pasaporte nació de una inquietud: ¿cómo acercar a más costarricenses a la calidad del café que se produce en su propio país?
La respuesta fue convertir esa intención en una experiencia: visitar cafeterías, descubrir diferentes preparaciones y registrar cada recorrido mediante sellos.
Sin embargo, el primer desafío fue conseguir la confianza del sector.
Vale y José no eran figuras habituales dentro del gremio cafetero y presentar una propuesta desconocida significaba enfrentarse a posibles negativas.
Aun así, 35 cafeterías, una finca productora y dos marcas de café decidieron apoyar la primera edición.
La respuesta del público superó sus expectativas. Una campaña de expectativa en redes sociales despertó curiosidad y, según sus creadores, las ventas fueron un 80 % superiores a lo presupuestado.
Aquella primera experiencia confirmó que existía interés por descubrir nuevas formas de acercarse al café de especialidad.
Tres ediciones que cuentan una historia
Los números permiten comprender parte de la evolución del proyecto.
En su primera edición, Gente de Café imprimió y vendió 3.600 pasaportes.
Para la segunda edición, la producción aumentó a 5.000 ejemplares, de los cuales se distribuyeron 4.700. Sus organizadores estimaron que aproximadamente 4.500 estaban en circulación al finalizar esa etapa.
En la tercera edición, decidieron producir inicialmente 4.000 ejemplares, contemplando una posible reimpresión.
Pero el alcance del proyecto va más allá de las cifras de impresión.
Durante sus tres ediciones han contado con la participación o el apoyo de más de 60 cafeterías, 15 marcas de café, cinco fincas productoras y diez marcas o iniciativas relacionadas con el sector.
La expansión geográfica también ha sido parte de su evolución. Mientras que en la primera edición no consiguieron incorporar establecimientos de Limón, en la segunda lograron presencia en las siete provincias del país.
Para la tercera se propusieron encontrar una cafetería de especialidad en el centro de Alajuela, objetivo que también consiguieron.
Estas cifras reflejan no solamente el crecimiento de una iniciativa, sino la capacidad de reunir diferentes proyectos alrededor de una experiencia compartida.

Cuando el café se convierte en una experiencia para compartir
Uno de los descubrimientos más interesantes de Gente de Café ha sido conocer a las personas que utilizan el pasaporte.
Inicialmente imaginaron un público principalmente de adultos jóvenes, entre los 23 y 35 años. Sin embargo, comenzaron a encontrar familias completas participando, desde abuelos hasta niños y adolescentes.
También observaron el interés de turistas extranjeros y la creación de grupos de WhatsApp donde las personas organizaban recorridos para visitar cafeterías y conseguir sellos.
El pasaporte se convirtió en una excusa para pasear, compartir un fin de semana y descubrir establecimientos que quizá nunca habrían visitado.
Para las cafeterías, esta dinámica también representa oportunidades.
Según sus organizadores, diferentes establecimientos han reportado la llegada de nuevos visitantes gracias al pasaporte, aunque no cuentan con datos suficientes para medir su impacto económico.
«El pasaporte es un medio y no un fin», explican Vale y José.
La frase resume una idea importante: el proyecto puede motivar una primera visita, pero la experiencia ofrecida por cada cafetería es fundamental para conseguir que el consumidor regrese.
La continuidad de algunos establecimientos también forma parte de esta historia. De las 35 cafeterías iniciales, 30 participaron nuevamente en la segunda edición. Para la tercera permanecieron 15 de la primera y seis incorporadas durante la segunda.
El proyecto también ha aprendido a adaptarse a sus consumidores. Para esta tercera edición extendieron la vigencia del pasaporte y redujeron la cantidad de cafeterías, buscando que completar el recorrido fuera más accesible.
Más allá de los sellos, la iniciativa ha encontrado una manera de relacionar el café con el turismo local, la convivencia y el descubrimiento de nuevos espacios.
El café vive en las manos de quienes lo preparan
La tercera edición incorporó un reconocimiento especial a los baristas bajo una frase que resume su propósito:
«El café vive en las manos de quienes lo preparan».
Para Gente de Café, el barista representa el último vínculo entre el trabajo del productor, el catador, el tostador y la experiencia del consumidor.
Es quien recibe un producto construido mediante numerosas decisiones y tiene la responsabilidad de prepararlo, comunicar su origen y ofrecer una experiencia de calidad.
Sin embargo, este reconocimiento no estuvo limitado a profesionales con trayectoria o resultados competitivos.
Los organizadores realizaron una convocatoria abierta para quienes desearan participar, incluyendo baristas de cafeterías, personas que preparan café en casa y quienes apenas comienzan a descubrir este mundo.
Más que establecer criterios de selección, la intención fue rendir un tributo a quienes encuentran en la preparación del café una pasión.
Este reconocimiento también nos recuerda que el conocimiento técnico, la práctica y la hospitalidad forman parte de una misma experiencia.
Porque detrás de cada gran taza existe una cadena de trabajo, pero también unas manos capaces de transmitir su historia.
Alianzas, aprendizajes y nuevas oportunidades
Para Gente de Café, el crecimiento no depende únicamente de vender pasaportes.
También implica construir relaciones con productores, marcas, tostadores, cafeterías y otros proyectos que comparten el interés por promover el café de especialidad.
Sus creadores consideran que las alianzas pueden ayudar a dar visibilidad a iniciativas emergentes y generar beneficios para ambas partes.
En esta tercera edición, Brew Haus CR forma parte del Pasaporte de Café Costa Rica como colaborador, una participación que representa un paso importante en nuestro propio camino de crecimiento.
Desde Brew Haus compartimos el interés por divulgar conocimiento, reconocer el trabajo de quienes integran la cadena del café y contribuir al fortalecimiento de su cultura.
Esta colaboración refleja cómo diferentes iniciativas pueden encontrar puntos en común y trabajar desde sus propias especialidades.
Pero construir un proyecto también significa aprender.
Vale y José reconocen que durante las tres ediciones han cometido errores, recibido críticas y realizado ajustes para mejorar la experiencia.
Entre sus mayores logros destacan la respuesta del público, las relaciones construidas con otros proyectos y el cariño que los consumidores han desarrollado hacia la iniciativa.
También recuerdan testimonios de personas para quienes el pasaporte representó su primer acercamiento al café de especialidad.
Historias que muestran cómo una experiencia aparentemente sencilla puede despertar una curiosidad que permanece mucho después de completar un recorrido.
Más allá del pasaporte: el futuro de Gente de Café
Después de tres ediciones, Gente de Café continúa ampliando sus iniciativas.
Además del pasaporte, desarrollan una tienda virtual con la que buscan facilitar el acceso a productos de calidad para quienes comienzan a explorar el café de especialidad.
En marzo de 2026 organizaron GDC Barista Games, una propuesta de competencia de arte latte, y también participan como organizadores en Costa Rica de The Best Coffee Shops.
Para los próximos años contemplan variaciones en el pasaporte y nuevas oportunidades de crecimiento, conscientes de que la continuidad de sus proyectos dependerá también del respaldo de la comunidad.
Su historia demuestra que una idea puede comenzar con dos personas, pero necesita muchas más para crecer.
Costa Rica posee una larga tradición cafetalera. Sin embargo, conocer el café que producimos, valorar el trabajo detrás de cada taza y descubrir nuevas formas de disfrutarlo siguen siendo oportunidades para fortalecer nuestra cultura de consumo.
Iniciativas como Gente de Café contribuyen a generar esos encuentros entre productores, cafeterías, profesionales y consumidores.
Porque la cultura del café no se construye únicamente en las fincas, los laboratorios, las tostadoras o las barras.
También se construye en las conversaciones, los recorridos y las experiencias compartidas.
Y quizá, al final, el verdadero valor de un pasaporte de café no esté en la cantidad de sellos que logramos reunir, sino en los lugares que descubrimos, las personas que conocemos y las historias que permanecen mucho después de terminar una taza.
Por Javier Calderón Padilla – Brew Haus
Cada grano cuenta una historia.
